© 2018 Carolina Medina

Please reload

Entradas recientes
Entradas destacadas

Cómo pilotear tu negocio con poco dinero

Es mucho más fácil hablar sobre los triunfos y fracasos mirando hacia atrás, que enfrentarlos en su momento y confiar que todo va a salir bien. En Agruppa levantamos casi un millón de dólares en inversión que hicieron posible nuestro crecimiento, pero la historia no siempre fue de dinero en la cuenta, sino todo lo contrario. Este blog cuenta cómo con pocos recursos, validamos y empezamos Agruppa. 

 

Como la mayoría de los emprendedores, empezamos con un brazo adelante y uno atrás. A pesar de llegar a la final global del Hult Prize en el 2013 -bajo el nombre de SokoText -(una competencia de emprendimiento social que premia al ganador con 1 millón de dólares para iniciar su empresa; y una historia digna de un próximo blog completo), no ganamos. Quedamos a un paso de 1 millón de dólares, y no ganamos. En cambio, nos enfrentamos a una gran validación de nuestra idea, y a la situación de no tener un peso en el bolsillo para empezar.

 

Luego del Hult Prize, y ante dicha validación, mi ex socia y yo decidimos mudarnos a Colombia y montar Agruppa (le cambiamos el nombre para que fuera más relevante al contexto). Afortunadamente durante la ideación de SokoText habíamos aplicado a Startup Chile, y ganado una suma de dinero que distribuímos un 70% a Kenia (donde uno de los fundadores iniciales de SokoText iba a intentar montar la empresa), y un 30% a Colombia (donde trataríamos de validar la versión para América Latina).

 

Inicialmente llegué sola a Colombia, mientras Verena terminaba su MPA en LSE. Tenía $5,000 USD para sobrevivir 6 meses como emprendedora, pagar mis deudas de estudio, y montar un “producto mínimo viable” (o MVP por sus siglas en inglés) que validara nuestro negocio (acá dejo un buen video de introducción al concepto de MVP en español). Números más, números menos, el premio de Startup Chile nos daba exactamente 1 millón de pesos colombianos ($350 USD aproximadamente) para validar nuestro negocio; para demostrar que podíamos pasar de la idea a la acción.

 

Tenía claro que necesitaba todo el apoyo que pudiera conseguir; y así llegaron nuestros primeros dos angelitos: el Programa Emprendedores de los Andes (una aceleradora organizada por la Facultad de Administración y el Centro de Emprendimiento de la Universidad de los Andes para emprendedores ex alumnos) y SociaLab Colombia (una red de apoyo a emprendedores sociales que mediante convocatorias específicas avanza el desarrollo de América Latina). Al primero le debemos nuestra primera venta, al segundo le debemos abrirnos las puertas a nuestra primera inversión, y sentirnos parte de una comunidad que sufría y celebraba junta.

 

Recuerdo como si fuera ayer aquel primer martes de Octubre de 2014, cuando inició el Programa Emprendedores de los Andes y sus líderes me advirtieron que me habían dejado entrar al Programa por la trayectoria de SokoText, pero que era imposible continuar sin un equipo. La dinámica del Programa implicaba que cada martes nos dejaban un solo objetivo por el cual respondíamos ante nuestro mentores el siguiente martes, y así sucesivamente. Dada mi falta de equipo, el primer reto que tuve fue llegar el próximo martes con equipo armado. Si no llegaba con un equipo, no podría continuar. Punto.

 

Con los nervios de punta al pensar que los $5.000 USD podían terminar en la basura, motivada por los retos como buena emprendedora, y sin tener cómo pagarle a nadie, decidí que la mejor estrategia era buscar por Facebook algún alma caritativa que quisiera sumarse a mi carrera contra el tiempo. Y así hice. Hice un post en varios grupos de Facebook que decían: “Busco voluntari@s por 2-3 meses para iniciar startup de distribución de frutas y verduras a tiendas de barrio en barrios de escasos recursos en Bogotá. No puedo pagarles, pero prometo que será una gran experiencia. Interesados contactarme por por privado”.

 

A hoy no tengo claro si se alinearon las estrellas y los astros a nuestro favor, o si realmente como dice el refrán popular, “el que persevera alcanza”. Lo que sí es claro es que uno cuantos días después de recibir mi reto, tenía 10 personas interesadas en apoyarme 2 días de su semana durante 3 meses, conscientes de que no podría retribuirles con más que una gran experiencia. Luego de realizar entrevistas (¿pueden creer que hasta entrevistas logré realizar?), seleccioné a las tres personas que me acompañaron durante nuestro primer MVP. Recordamos con especial cariño y agradecimiento a Tracey Armitage y a Carlos Pinzón, sin quienes estos primeros pasos de Agruppa no habrían sido posibles.

 

Con un equipo de 3 voluntarios, 1 millón de pesos, la guía de estas dos aceleradoras, y todas las ganas, iniciamos nuestro MVP. Pondríamos a prueba los supuestos básicos de Agruppa durante una semana, para comprobar que sí éramos capaces de pasar de la idea a la realidad, y, aún más importante, que sí había tiendas de barrio dispuestas a pagar por este servicio. El fin de semana anterior a iniciar nuestro MVP, Tracey y yo nos fuimos a Bosa, una de las localidades en Bogotá con mayor concentración de tiendas de barrio según la FAO. Le contamos a 10 tenderos sobre el experimento que íbamos a llevar a cabo la siguiente semana, iniciando el lunes. Les explicamos que cada noche los llamaríamos para tomar sus pedidos de frutas y verduras, y que al día siguiente se los llevaríamos entre las 8-10 AM a su tienda, a mejores precios que en la central de abastos. Es decir, les explicamos que se ahorrarían el tiempo y costo de transporte, y además obtendrían excelentes precios en sus productos para vender y ganar más. Era la versión más simple, el “producto mínimo viable” para comprobar que nuestro modelo real podría llegar a funcionar (lee en nuestro Blog #2 detalles sobre el modelo de Agruppa a escala). Los 10 estuvieron dispuestos a darnos una oportunidad.

 

Y así nos embarcamos Tracey y yo en lo que sería una semana inolvidable. Llamábamos a los 10 tenderos todas las noches; al día siguiente nos encontrábamos en Corabastos a las 3:30 AM; comprábamos los 10 bultos de papa, las 10 canastillas de tomate, y los 5 ponys de cebolla larga (pretendiendo saber detectar entre la buena y mala calidad, pretendiendo saber de precios, y sobre todo pretendiendo ser las más duras en regatear de toda la plaza de mercado); pagábamos $20,000 COP (aproximadamente $7 USD) para que una camioneta nos llevara a repartir tienda por tienda; y volvíamos a empezar. 

 

 Esa semana estuvo llena de buenos y malos momentos. Los buenos: cada llamada en la que recibíamos pedidos para el día siguiente; cada día que lográbamos ventas con nuestros 10 tenderos; cada aprendizaje, especialmente sobre cómo comprar mejor la papa, y a medio diferenciar (y digo medio porque nunca realmente lo logramos) entre la merengo, la suprema, y la superior. Los malos: muchos más. No lográbamos bien la calidad y con frecuencia nos devolvían los productos; no lográbamos llegar a tiempo porque había mucho tráfico; se disparaban los precios y perdíamos más plata de la estimada; estábamos cansadas porque no estábamos durmiendo; y estaba el fantasma frustrante de pensar que si sí funcionaba el MVP (una buena noticia), este sería el ritmo de la vida de aquí en adelante.

 

Hay una anécdota que jamás olvidaremos. Como buen tendero, don Alonso (el tendero que acompaño en la foto, orgulloso dueño de ese puesto de frutas y verduras, y fiel cliente de Agruppa durante sus 2 años de existencia) se fue a tomar el jueves en la noche después de hacernos un pedido de un pony de cebolla larga (aproximadamente unos 25 kilos). Al llegar bien temprano Tracey y yo, nos encontramos con la noticia de que todavía no había llegado de su noche de fiesta. Decidimos venderlo primero a los demás tenderos y regresar a donde don Alonso, para encontrar 2 horas después que aún no había rastro de él. 

 

Ya no podíamos hacer esperar más al señor del camión, entonces le pedimos que nos bajara el pony a la calle. Sabíamos que no podíamos dejar la cebolla e irnos, porque inmediatamente perderíamos $65,000 COP ($22 USD) del millón para el piloto, y aún nos quedaban varios días pendientes. La “monita” (nombre de su actual food truck de comida colombiana en New Orleans) y yo estábamos en Bosa con un pony de cebolla larga, y todas las ganas de rendirnos. Sin embargo, nos pudo la lucha por Agruppa y su futuro. Y de a 5-10 kg nos fuimos a caminar las calles, tienda por tienda, hasta que vendimos el pony, y recuperamos lo del día siguiente.

 

Algunos meses después de este MVP, ganamos 20 millones de pesos ($6,900 USD) del premio de emprendimiento Todos Podemos de SociaLab Colombia y Postobón. Gracias a estos fondos, y a los aprendizajes que nos dejó nuestro MVP, pudimos iniciar nuestro piloto oficial (lee en nuestro Blog #5 sobre cómo nuestra propuesta de valor validada durante este piloto no fue suficiente para garantizar nuestro éxito al escalar).

 

Mirando hacia atrás, esta semana de MVP nos dejó 5 tips sobre cómo pilotear tu idea de negocio con poco dinero (en nuestro caso, con 1 millón de pesos):

 

 

Ahora, más en detalle:

 

1. Tener un buen equipo de apoyo: Si de entrada es complejo, hacerlo sólo aún más. Sé creativo en cómo y dónde buscar personas dispuestas a apoyarte al iniciar tu aventura. Para nosotras, estuvieron a un par de clicks en Facebook, y cambiaron nuestra historia con 3 meses de su tiempo.

 

2. Tener claridad sobre las validaciones más simples que debes alcanzar: En nuestro caso, debíamos demostrar que podíamos (1) lograr que los tenderos nos hicieran pedidos por su celular; (2) hacer las compras a precios mayoristas; y (3) hacer la logística de repartición efectivamente.

 

3. Entender y supervisar tu presupuesto diariamente: Nosotras teníamos 1 millón de pesos para sobrevivir una semana. Perder el pony de cebolla larga porque don Alonso se emborrachó no era una opción, porque nos iba a dejar cortas. Darnos cuenta de esto implicó revisar nuestros gastos e ingresos diariamente para no desfasarnos y lograr terminar el MVP.

 

4. No parar hasta conseguirlo: Si nos hubiéramos rendido ante las quejas de calidad sobre la papa; si no hubiéramos repartido de a 5-10 kg de cebolla larga el día que don Alonso nos quedó mal; si no hubiéramos madrugado nosotras mismas al mercado central y hecho todo el proceso diariamente; no habríamos sentido la satisfacción que sentimos ni logrado el aprendizaje que logramos.

 

5. Mejorar tu modelo a partir de tus aprendizajes, y volver a empezar: De nada sirve tener una propuesta de valor en papel si no eres capaz de traducirla en un producto/servicio real y sostenido. Cada experiencia vivida durante el MVP y cada retroalimentación de tus clientes debe ser un pilar para mejorar tu modelo de negocio. Al final, montar MVPs para validar y revalidar ideas y supuestos debería ser algo recurrente para los emprendedores.

 

La única prueba real que tenemos como emprendedores es lograr pasar de la idea a la realidad (a propósito de ideas vs. realidad, les recomiendo el nuevo podcast de mi amigo Italo Miñano donde entrevista a distintos emprendedores quienes contamos nuestra historia; acá pueden suscribirse para no perderse ninguno). A través de nuestro MVP logramos nuestras primeras facturas de venta, y nuestra “graduación” inicial como emprendedoras. Gracias a este MVP corrimos contra nuestros propios tiempos, nos obligamos a salir de nuestra zona de confort, y aprendimos a ponernos a prueba a nosotras mismas, demostrando que sí éramos capaces, y convenciendo a otros (Todos Podemos) que merecíamos fondos para seguir comprobándolo.

 

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

Síguenos
Please reload

Buscar por tags
Please reload

Archivo
  • Facebook Basic Square
  • Twitter Basic Square
  • Google+ Basic Square